Historias de La Rioja sin salir de casa

La codicia sentenció al general Asparrot

A

ndré de Foix, jefe del Ejército franconavarro enviado por Francisco I, además de ser un militar bisoño, licenció a la mitad de sus tropas para quedarse con sus sueldos.

Marcelino Izquierdo Marcelino Izquierdo

Son muchas las teorías que se han barajado durante los últimos 499 años sobre porqué, después de recuperar la práctica totalidad del antiguo reino de Navarra sin apenas oposición de sus naturales, se lanzó a la conquista de Logroño, primera plaza de Castilla de entidad tras la frontera natural río del Ebro.

Entre doce y catorce mil soldados bien pertrechados, la mayoría franceses, se pusieron en marcha el 10 de mayo de 1521 cerca de la frontera pirenaica bajo las ordenes del general Asparrot, André de Foix, un joven de cuna noble que desconocía el horror de la guerra y que su mayor mérito consistía en el ser hermano de la amante del rey Francisco I.

Gracias a la rebelión interna urdida entre los favorables a Enrique II de Navarra –al que no se permitió adentrarse a la Península–, la campaña de Asparrot se convirtió en un paseo militar. Seguro de sus fuerzas, Foix sitió Logroño creyendo que la plaza se rendiría rápidamente a sus pies y, según fuentes galas, Asparrot fue aconsejado por su lugarteniente Jacques de Sainte Colomme, alcalde de Bayona, para que licenciara a buena parte de sus tropas pues ya no quedaba mucho dinero en las arcas para su sustento.

En un arrebato de codicia, Foix y Sainte Colomme enviaron a sus casas a miles de militares y ambos se embolsaron los dineros de su manutención y sus pertrechos.

Recreación del general Asparrot al mando de sus tropas sitiando la ciudad de Logroño
Recreación del general Asparrot al mando de sus tropas sitiando la ciudad de Logroño, frente al puente amurallado y el castillo. / MANUEL ROMERO

Miles de soldados en Logroño

Lo que los dos desconocían es que, además de una población aguerrida y de un jefe militar competente, Pedro Vélez de Guevara, contaba Logroño con más de dos mil infantes y un centenar de lanzas, enviados por el conde de Aguilar, así como con cientos de caballeros procedentes de Belorado, que habían accedido a la plaza casi en vísperas del asedio.

Con sus huestes galas diezmadas por la codicia, el enemigo bien pertrechado y el gran ejército castellano camino de La Rioja tras sofocar la rebelión comunera, Logroño mantuvo a raya a Asparrot hasta la llegada de refuerzos.

¿Qué buscaba Asparrot conquistando Logroño? ¿Unirse a los comuneros contra Carlos V y azuzar la rebelión? Entonces no tiene sentido que hubiera licenciado a miles de sus hombres y, sobre todo, por dinero. Quizá pretendía André de Foix demostrarle al rey su valía clavando su pica en Castilla, pero más como un hecho simbólico que como una conquista militar, jugada que le salió mal.

Más información:
'Del sitio de Logroño en 1521', de Ruperto Gómez de Segura (1935)
'Primera parte de la vida y hechos del emperador Carlos Quinto...', de Prudencio Sandoval (1604)

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