Historias de La Rioja sin salir de casa

El 'lobby' riojano de El Escorial

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ara erigir el monasterio de San Lorenzo, Felipe II, el hijo de Carlos V se rodeó de la orden de los Jerónimos, cuyo santuario de la Estrella, en San Asensio, atesoraba gran poder.

Marcelino Izquierdo Marcelino Izquierdo

La victoria sobre los franceses en la batalla de San Quintín (1557), si no físicamente, supuso la primera piedra del futuro monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Al año siguiente el emperador Carlos V, poco antes de fallecer en Yuste, modificó en su testamento su deseo de no ser enterrado en Granada, sino en un nuevo edificio que su hijo iba a levantar en el centro de la Península.

Son incontables las leyendas y las teorías exotéricas que vinculan la creación de lo que en el siglo XVI fue calificada como la octava maravilla del mundo. Sin duda, la relación del gran monumento con San Quintín, triunfo logrado en la festividad de San Lorenzo, religioso aragonés martirizado en una parrilla –de parrilla tiene forma el monasterio– es la más plausible. Pero hay quien apunta que lo que Felipe II perseguía era reconstruir el Templo de Salomón.

El monasterio de San Lorenzo del Escorial, dibujado por Pedro Perret en 1587. / BNE
El monasterio de San Lorenzo del Escorial, dibujado por Pedro Perret en 1587. / BNE

En 1561, encomendó el rey a los monjes jerónimos que regentaran el futuro centro político y religioso del mundo, orden que tradicionalmente había estado muy ligada a la monarquía hispánica. Además, Felipe II se decantó por la orden Jerónima tras la última experiencia vital en Yuste de su padre, Carlos V.

Dentro de los devotos frailes de San Jerónimo, la abadía de Nuestra Señora de La Estrella, en San Asensio –en la actualidad dirigida por los hermanos de La Salle–, atesoraba gran influencia dentro de la congregación, lo que se tradujo en un constante 'lobby' de monjes riojanos alrededor de Felipe II y su mano a la hora de inmortalizar la obra.

Regentando fray Juan de Badarán el cargo de vicario de San Lorenzo en 1565, llegaron desde La Estrella los riojanos fray Vicente de Santo Domingo, notable pintor, junto a su alumno más aventajado, Juan Fernández de Navarrete.

Fray Julián de Tricio
Fray Julián de Tricio fue prior de San Lorenzo. / L.R.
Juan Fernández de Navarrete 'El Mudo'
Juan Fernández de Navarrete 'El Mudo'. / HISPANIC SOCIETY OF AMERICA, N.Y.

Navarrete el Mudo, nombre por el que pasaría a la posteridad el pintor logroñés por ser sordomudo desde muy niño, comenzó a trabajar para el monarca, quien al principio, le encargó restaurar obras maestras, como el 'Descendimiento', de Roger van der Weyden, o el 'Noli me tangere', de Tiziano.

Navarrete sería nombrado pintor de cámara del rey y, sin duda, considerado como el artista que mejor se adaptó a la Contrarreforma que emanaba del Concilio de Trento. Ya habrá tiempo de hablar de su figura y su obra.

Fue otro monje riojano, fray Julián de Tricio, cuarto prior de San Lorenzo (1575-1582), en la época más convulsa del reinado de Felipe II –el asesinato de Escobedo–. El historiador Sigüenza escribe de Tricio que el monarca «le hizo merced por lo bien que le había servido», antes de retirarse para morir a La Estrella.

Más información:
'Historia primitiva y exacta del Monasterio del Escorial' , escrita en el siglo XVI por el Padre Fray José de Sigüenza... arreglada por D. Miguel Sánchez y Pinillos (1881)
'Aspectos iconográficos de la pintura de Juan Fernández Navarrete, 'El Mudo', y relaciones con la Contrarreforma', por Joaquín Yarza

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