Banco de España en Logroño

El cubo que esconde una cámara que guarda cajas

Vara de Rey, 8. El regio edificio que ocupó el Banco de España en Logroño pervive sobre un complicado equilibrio entre el sentido de su origen y los actuales usos

TERI SÁENZ Sonia Tercero Teri Sáenz Sonia Tercero

Aveces se entra a un edificio sin ser consciente de que, en realidad, es el edificio el que se introduce en el visitante. El inmueble que durante 54 años albergó el Banco de España en Logroño y desde 2013 acoge el grueso de la Dirección General de Salud Pública es uno de esos que engulle a quien lo visita en vez de darle cobijo. Lo hace por instinto, sin querer. Es lo que le impone su monumental forma de cubo exento en uno de los chaflanes más cotizados de la ciudad, a lo que arrastran los cristales blindados y el pesado mármol que habitan dentro, la inercia de la función que desempeñó durante décadas. No hay maldad.

2013 fue el año en que se concretó la reconversión de la antigua sede del banco de España en núcleo de la Dirección General de Salud Pública. Acoge a unos 60 empleados de la Consejería.

Es probable que el extraño se estanque en el patio de operaciones al que conduce la entrada principal. Que suba las empinadas escaleras desde el recio portal que se abre sobre Vara de Rey número 8 y quede paralizado ante la simetría del recinto y el fastuoso lucernario que se abre en el techo. Si es así, la emboscada del edificio habrá surtido efecto. El invitado estará atrapado, sin posibilidad de seguir adelante, si se conforma con los sucedáneos que asaltan a la vista. La caja fuerte de doble llave y acero desgastado que se agazapa en el rellano, las barandillas de latón, los radiadores de hierro fundido con cubierta de celosía o el tupido parqué que alfombra el suelo.

Sin embargo, el auténtico secreto de la estructura que milita en el clasicismo de aire grecorromano está más allá. Más abajo, más bien. En el sótano. Es de color azul y tiene nombre y lugar de nacimiento propios: Fortis, Madrid. Es la marca y el origen de la puerta de lo que fue la cámara acorazada, el lugar más sagrado del banco cuando era banco. Medio metro de grosor a prueba de asaltantes de serie de televisión que ahora permanece abierto de par en par, quizás como símbolo de rendición ante los nuevos tiempos. Intentar mover el portón es misión imposible y buscar dentro una peseta olvidada o un euro extraviado, una tentación tan irresistible como vana.

753 metros cuadrados ocupan cada una de las plantas que componen el inmueble.

La cripta que en su día guardó billetes a raudales, papeles que podrían quebrar reputaciones, es ahora almacén y archivo. Las carpetas se conservan eso sí en los anaqueles primitivos que se desplazan a volantazos chirriantes, pero en vez de millones en efectivo lo que abundan son cartapacios con etiquetas que anuncian tesoros menos estimulantes. Documentación del servicio de epidemiología, partes de sanidad ambiental, registro de tumores...

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El regio edificio que ocupó el Banco de España en Logroño pervive sobre un complicado equilibrio entre el sentido de su origen y los actuales usos

La antigua sede del Banco de España en la capital riojana se debate entre lo que fue y lo que es. El esplendor 'vintage' y el pragmatismo funcionarial. Y por lo que el propio edificio susurra, la convivencia no es fácil. Como explica Araceli Barrio, arquitecta del Gobierno de La Rioja del Servicio de Gestión Técnica del Patrimonio, tras la cesión del edificio se acometió una reforma mínima para responder a las obligaciones de accesibilidad sin herir la esencia del continente. El resultado es una abigarrada secuencia de puestos de trabajo ganados a lugares que nunca imaginaron ese destino. Dentro de suntuosos salones de reuniones, en paralelo a los mostradores donde se cobraban cheques o canjeaban divisas. La disputa entre las dos versiones del mismo lugar deja su huella también por repisas y paredes, alternando vestigios de una época color sepia con chirriantes carteles pegados con celo que apelan a usar mascarillas o no dejar de vacunarse.

¿Hay alguien ahí?

El único refugio donde la batalla del tiempo se da tregua está situado en la tercera planta y una parte de la segunda. El espacio que ejerció como vivienda para alojar a los sucesivos directores y otros altos cargos que viajaban con sus familias de banco en banco en España sigue indemne. Al menos, a la espera de su reconversión. La puerta que da acceso a una de esas alas permanece cerrada y una chapa bien pulida informa de que esos eran los dominios del señor cajero. Dan ganas de llamar con los nudillos, mirar si alguien mira por el otro lado de la mirilla. Saber si una parte del pasado se resistió a la mudanza y abre para asomarse al presente, atrapar a quien llegue a franquear el umbral.

El regio edificio que ocupó el Banco de España en Logroño pervive sobre un complicado equilibrio entre el sentido de su origen y los actuales usos. SONIA TERCERO
El regio edificio que ocupó el Banco de España en Logroño pervive sobre un complicado equilibrio entre el sentido de su origen y los actuales usos. SONIA TERCERO.

Una cesión en virtud del artículo 46... ¿o no?

Levantado sobre terrenos procedentes de la parcelación diseñada con el nuevo trazado del ferrocarril en Logroño, el edificio lleva la firma del arquitecto navarro José Yarnoz, responsable también de otros bancos de España análogos en distintas provincias. Las instalaciones mantuvieron su función primigénea hasta 2011, incluyendo el cambio al euro. El 31 de mayo de aquel año y con Gabriel Gil como director echó el cierre y pasó a disposición del Ministerio de Hacienda. A finales del ejercicio siguiente pasó a manos del Gobierno de La Rioja, según el PP como compensación por el artículo 46, aunque el PSOE nunca lo ha estimado así al no ceñirse al trámite.

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